Me acuerdo, hace muuuuchos años atrás, debe haber sido en 1965 ya que al año siguiente se prestó el refugio a la delegación japonesa que participó en em Mundial de Ski de 1966. Subíamos a Farellones en una camioneta verde, una Chevrolet ‘56. Iba manejando el tío Toño, al lado el tío Pepe, mi papá también, y yo apretado al medio. La clásica.
Cuando llegamos a la posada —porque siempre lo primero era parar ahí— el tío Toño se baja y empieza a pegarle a la camioneta: “¡eh, eh, eh, eh!”. Yo lo miro y pienso: ¡¿qué le pasa?!. Pero claro, era la subida número 50 de la pobre camioneta, cargada hasta arriba con cosas para el refugio. El refugio ya estaba armado, sí, pero eran como 50 viajes para arriba y para abajo.
También me acuerdo de mi viejo, que se quedó una semana solo en el refugio haciendo toda la instalación eléctrica. Se la pudo entera, pero al final lo tuvimos que castigar y no dejarlo seguir, porque se cayó de una banca mientras ponía las luces. Dice que quedó tirado en el suelo, sin poder pararse.
Así eran los viejos de antes: iban a todo. Se sacaban la cresta en la montaña y después seguían dándole al refugio.
Y qué decir de las subidas con el tío Milenko en ese Mini Cooper largo, tipo furgón. Adelante solo tenía dos asientos, y atrás iba yo, montado arriba de un balón de gas de 45 kilos, trepando las curvas de Farellones como si nada.
Hay tantas historias lindas… de cuando subíamos todos: los Peverelli, los Carramiñana Altazar, los Carramiñana Benvenuto, los Benvenuto Pascual. Puras vacaciones maravillosas, llenas de risas, aventuras y recuerdos que hasta hoy me sacan una sonrisa.
Historia de: Javier Carramiñana
El papá: José Carramiñana Gómez
Tío Toño: Antonio Benbenuto Herrera
Tío Milenko: Milenko Caracciolo